La importancia de ser ambiguo

En el año 1895 se estrenó, en la ciudad de Londres, The importance of being earnest, tal su título original, escrita por Oscar Wilde. Se trata de una obra de teatro en tres actos que relata cómo los personajes toman la forma de personas ficticias para escaparse de las responsabilidades sociales y del aburrimiento que estas conllevan.

Al margen de la belleza e inteligencia que inunda la obra, el título de la misma merece una observación lingüística.

En efecto, la palabra earnest, en inglés, es un parónimo de Ernest, nombre masculino y sustantivo propio. Es decir, earnest (“sincero”, en su posible traducción al español) se pronuncia de la misma manera que Ernest (“Ernesto”). 

Cuando hubo que traducir la comedia al español, la primera complicación no tardó en llegar: ¿cuál era la traducción más apropiada para el título de la obra: “La importancia de ser honesto” o “La importancia de llamarse Ernesto”? Al elegir una de las dos opciones, ¿no se estaba, acaso, dejando fuera el elemento que otorgaba ambigüedad al título? ¿No estaba el traductor, tal como diría un entrañable profesor, quedándose con un “vuelto semántico”? Si nos rigiéramos por la tramposa literalidad, todo indica que debería ser “La importancia de ser sincero”. No obstante, en la versión al español, la obra se tradujo como “La importancia de llamarse Ernesto”, introduciendo, quizás prematuramente, a este personaje. ¿Se puede decir que es correcta la decisión editorial de traducirlo de esta manera? ¿Es posible, en un caso como este, hacer las modificaciones necesarias para no alterar el espíritu sintáctico del título y, así y todo, conservar la ambigüedad?

Posteriormente, existieron, y esto es importante decirlo, varias alternativas en español a la versión mencionada anteriormente: “La importancia de ser Severo”, “La importancia de ser Ernesto”, y hasta incluso, “la importancia de llamarse Honesto”.

En rigor, las expresiones a tener en cuenta, los elementos claves del título son: “being” y “earnest”.

Comencemos por la primera.

A todas luces, resulta evidente que la versión en español de “being” tiene que acercarse más a “ser” que a “llamarse”. Y esto es por una cuestión muy sencilla: un concepto incluye al otro. Por el solo hecho de que alguien tenga un nombre, entonces ES ese nombre. Y no al revés: que alguien sea de cierta manera no implica que se llame así. “Ser” abarca calificaciones, características y apreciaciones. En cambio, el hecho de “llamarse” se encuentra casi exclusivamente reservado para el nombre que nos fue asignado. Por lo tanto, hasta ahora, sabemos que nuestro título debe ser: “La importancia de ser…”.

Restaría resolver el elemento “earnest”. Y, realizando una rápida búsqueda de nombres, encontramos que el nombre Franco es homófono de “franco” (sincero, leal, etc., entre otras acepciones). Es aquí donde el traductor se tomaría la más significativa (o, acaso, la única) licencia en su labor de traducción, pues se trata de reemplazar un nombre por otro, totalmente distintos, obviamente, pero que, culturalmente, hacia dentro de cada lengua (española e inglesa) expresan, prácticamente, un mismo significado.

Esta ha sido la opción escogida por Hugo Halbrich en su adaptación teatral de la obra, en la que no solo tradujo el título (“La importancia de ser Franco”) sino que, en pleno ejercicio de la adaptación cultural, reemplaza Londres y la campiña inglesa por Recoleta y San Antonio de Areco, respectivamente.

6 thoughts on “La importancia de ser ambiguo”

  1. Elegante resolución para que la ambigüedad que Wilde introdujo a posta en el nombre de su obra no quede “lost in translation”. Gracias por compartir!

  2. Que herramienta interesante la ambigüedad para resolver la traducción del título de la obra de Wilde y su paradoja en el mensaje : ser honesto/a, ser Franco. Cómo sería el femenino de Franco? También la ambigüedad fue la herramienta de la trama que permitió el divertimento y la posibilidad de simpatizar con la condición humana, voluble, reflexiva, imperfecta, bella y oscura.

  3. hola! muy interesante la reflexión sobre la ambigüedad. Uno de los temas más presentes en la obra de Wilde.
    Y no menos interesante, la importancia de la buena y correcta? utilización de cada palabra, en relación a su significado.
    Por otra parte, el escritor nunca dejó de “ser” Oscar Wilde aunque se hiciera “llamar” Sebastian Melmoth.
    hasta la próxima!
    saludos…

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