Para dejarlo claro de entrada, este es un escrito reivindicatorio. Aquí se reivindica la ideología. Quedará para un futuro trabajo el análisis del camino de distorsión y deformación semántica entre los conceptos de “idea” e “ideología” y como se ha invertido su carga valorativa.
A esta altura de la historia y de los acontecimientos cuesta creer que alguien sostenga la tesis de “ausencia de ideología”. Asociado indefectiblemente con la política o la política partidaria, el término “ideología” es empleado, muchas veces, de forma peyorativa. No advierten, aquellos que le imprimen tal carácter, que ese acto también se encuentra marcado por la ideología. Tamaña contradicción les impide darse cuenta de que todos y todas tenemos una visión de cómo es y cómo debería ser el mundo que nos rodea.
Hablamos de que alguien tiene X ideología. La ideología atraviesa transversalmente diversos sistemas que forman parte de una sociedad y “recolecta”, en mayor o en menor medida, algo de cada uno. Esas recolecciones forman la ideología general.
Alguien puede ser de izquierda, de derecha, liberal, conservador, religioso, agnóstico, progresista, humanista, reaccionario, etc. A su vez, esa persona, si bien lo más común sería que tenga una tendencia determinada a uno o varios de esos sistemas que se mencionaron antes, puede “combinar” o tomar nociones e ideas de espacios que no son propios de su tendencia ideológica predominante.
Básicamente, se puede hablar de dos campos de ubicación: ideología integral e ideología seccionada. Es integral (o, en rigor, tendiente a la integralidad) cuando reúne la mayor cantidad de aspectos de uno o más sistemas que se puedan considerar “afines”. Hay, en este caso, una línea de pensamiento más homogénea, coherente y uniforme. En cambio, la ideología es seccionada cuando esa recolección de aspectos es más dispersa, no tiende a unificarse
Ahora bien. No se tratan de dos segmentos que se reparten por igual el espectro ideológico de un ente. Ideología integral o seccionada refleja la relación entre los distintos componentes que integran la ideología general. Se debe tener en cuenta que:
- No se trata de tipos ideológicos a los que alguien pueda adscribir.
- Se trata de conjuntos de ideas expresadas en grados, cuyo volumen dependerá de cada individuo.
- Cada individuo tendrá ambas, en distintos grados, según lo expresado en punto anterior.
- Se tenderá a la una o a la otra, y a cada extremo se aproximará de forma asintótica.
Quizás se pueda alcanzar una mejor comprensión de estos conceptos a través de interrogantes concretos y actuales.
¿Hasta qué punto está relacionada la formación de una persona con la tendencia a una ideología o la otra? ¿Cómo pueden converger ideas progresistas en la mente de una persona religiosa? ¿Cuál sería el límite? ¿Cuán conservadora podría llegar a considerarse una persona atea? ¿Por qué mucha gente identificada con el pensamiento de izquierda, o tendiente a cierto progresismo, que ha hecho bandera de ideas sobre distribución de la riqueza y crítica de la razón capitalista, está atrasadísima en términos de igualdad de género, derechos de la mujer y conciencia antipatriarcal? ¿Existe una derecha, asumida como tal, que haya dejado atrás el poco apego a la democracia, a la diversidad sexual, a los pobres, a los extranjeros (en resumen, al diferente, al “otro”) y que se enfoque en ser un contrapeso político en materia de economía de mercado y libertades individuales?
