Los pájaros

No habrá atardecer en que no se posen

sobre los nudosos gajos de los intrépidos pinos.

Con sus arias de antaño, las voces relucen

sin contrapuntos, regadas de lino.

Perfumado de tierra, el viento acaricia la tarde.

Y mientras asedian las nubes y cortan el cielo

Sus alas de otoño y picos de alambre

atraviesan las aves lagos de terciopelo.

El sol naufraga en un horizonte de ámbar,

testigo eterno de la extraña coreografía

que los pájaros dibujan danzando en la asta

del paño ondulado de una bandera infinita.

Ahora, uno se aleja de la bandada uniforme,

rezagado de dicha y con espíritu enervado.

Otros dos acuden a socorrerlo, conforme

A las leyes universales de estos seres alados.

Cuando seques tus lágrimas teñidas de invierno

y levantes la vista hacia el fondo celeste

los verás encauzados en majestuoso planeo

coloreando los días con destreza rupestre.

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